Toda organización y empresa lucrativa tienen una proyección
social. Brindan empleo a la comunidad y ofrecen bienes o servicios que
satisfacen necesidades. Para cumplir con sus objetivos sean lucrativos o de
beneficio social, es importante que la entidad lo haga aplicando los principios
y valores de la ética, diseñando estrategias de satisfacción al cliente o
beneficiario y a los empleados.
Para minimizar las situaciones desafiantes a la ética, una
estrategia para hacerlo es que las operaciones y mecanismos deben funcionar
conforme a las leyes vigentes del país y a las normas de producción o
funcionamiento locales e internacionales si así fuere el caso. Si las
operaciones funcionan de manera correcta, el empleado también actuará conforme
a la ética. Si los procesos violan algún artículo de la ley, así mismo el
empleado también.
En una organización empresarial, los principios y valores
son clave para alcanzar las metas establecidas por la compañía donde laboran
personas, cada una con diferente escala de valores adquirida en el entorno
donde se desenvuelve.
Otra estrategia es que el reglamento interno de la empresa y
el código de ética deben estar establecidos, conforme a las leyes laborales
vigentes. Estos deben elaborarse al momento de crear la empresa. Dichas normas
internas deben difundirse a los colaboradores dentro de la organización
mediante inducciones y charlas. Deben redactarse de forma clara y precisa de
modo que el empleado podrá entender lo que está permitido y lo que no dentro de
la organización.
Una vez establecidas las reglas del juego, la compañía y el
empleado deben cumplir con sus obligaciones y responsabilidades. El empleado
deberá cumplir con las tareas asignadas
y la compañía pagará el salario acordado
en la fecha estipulada, según las leyes laborales.
Pero adicional a ello, la empresa será la principal
responsable de promover el buen ambiente laboral dentro de la organización. Es
la empresa la primera en establecer una buena relación con el empleado, y para
ello dentro de sus estrategias, debe brindarle los insumos necesarios para
cumplir con las tareas a satisfacción y promover un trato amable y respetuoso
entre compañeros, aún cuando surjan tensiones por cuestión de trabajo.
Pero aún en medio de ambientes laborales favorables, se debe
minimizar las situaciones que puedan desafiar a la ética. Contar con una
política de resolución de conflictos que beneficie a todas las partes, sin
menoscabo de la dignidad humana es una estrategia para reducir situaciones.
Otra estrategia es hacer cumplir el reglamento interno de la
empresa al aplicar las sanciones que correspondan, según el caso. Los empleados
también deben comprender que el desafío a la autoridad o romper una norma tendrá
consecuencias. No se debe tolerar el mal comportamiento aunque se trate del
mejor empleado de la corporación o del máximo ejecutivo de la empresa, esto con
el fin de velar porque se mantenga el buen ambiente de trabajo para mantener
los niveles de producción.
La empresa deberá tener cuidadosos procesos de selección de
personal, para elegir a la persona idónea para cada puesto de trabajo. Las
evaluaciones de perfiles sicológicos deberán ser lo más efectiva posible para
evitar contratar personas que carezcan de moral o ética profesional.
Por su parte, el empleado podrá mitigar los desafíos a la
ética, poniendo en práctica los valores que le dicta su ética profesional y
sujetándose a las normas internas de la empresa, para evitar ser sancionado. El
empleado también tiene derecho a investigar la empresa antes de optar a una
plaza para asegurarse de que sea una empresa que practique valores y principios,
para evitar cometer ilícitos.
Al aplicar los valores y principios de la ética profesional,
tanto empresarios como colaboradores podrán lograr que el trabajo se desarrolle
en una atmósfera laboral agradable, que motive a mejorar su desempeño.





