Cuando Erick Barrondo estaba atravesando la línea de meta como segundo, no podía creerlo. ¡Medalla de plata para Guatemala! Por fin un atleta chapín en el podio olímpico, un grande entre los grandes, después de haberla sudado en la prueba de marcha de 20 kilómetros. Pasé muy contenta la semana, con la emoción de que vería a nuestro héroe competir una vez más en la prueba de 50 kilómetros. Y llegado el día, desperté a las cuatro de la mañana, sintonicé el televisor y Erick ya había recorrido 20 kilómetros e iba en el segundo lugar, con dos amonestaciones y con el compatriota Jaime Quiyuch ya descalificado de la prueba. Si me comí las uñas, no me di cuenta, pero sucedió lo inevitable. Erick fue descalificado de la competencia que la ganó un ruso, Kirdyapkin, quien batió récord olímpico. Es que, claro, cómo un atleta de un país subdesarrollado iba a atreverse a codearse con los "grandes" de ese deporte, debieron de haber pensado los organizadores de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Tomemos nota que Erick fue descalificado del Mundial de Marcha que se organizó en Rusia en el 2011.Horas más tarde, tres compatriotas más iban por más medallas para Guatemala, Jamy Franco, Mirna Ortiz, y Mayra Herrera en la prueba de 20 kilómetros para damas. Casualidad o no, Franco fue sancionada ni bien transcurridos cinco minutos de la competencia, además de ser la primera en recbir la advertencia. Las tres lideraban el grupo puntero para perseguir a la rusa Olga Kaniskina quien flotaba a zancadas a más no poder. Y así cayeron sucesivamente sus compañeras con las amonestaciones y todas bajaron el ritmo para pasar desapercibidas. La única chapina que se mantuvo en la pelea por el bronce fue Ortiz, pero la sacaron de la competencia. Sería interesante poder detectar si en realidad los jueces habrían recibido instrucciones específicas, pues el grupo completo chapín estaba sancionado y sentenciado, o fue pura cuestión de discriminación. Parece que las medallas sólo están destinadas a los países desarrollados, Dios guarde que un pobre y humilde se atreva tan siquiera a soñar con ganar una. Ya es justo que alguien se atreva a hurgar en el fondo de este tipo de competencias mundiales, pues parece que lo único que hace bailar al mono es el dinero o más bien, le pagan al mono para que ya no baile más. Si no, hay que fijarse quiénes son los principales patrocinadores: grandes marcas mundiales que tienen la hegemonía económica del planeta y que deben mantener su prestigio con los atletas a quienes patrocinan. Además, hay que complacer a la audiencia de países ricos que pagan por ver ganar a sus atletas, pues los mayores ingresos provienen de la venta de derechos de transmisión. La discriminación cultural de los países del primer mundo hacia las naciones del tercero, sobre todo, latinoamericanas, es más que evidente en este tipo de competencias, sobre todo contra países como Guatemala, del cuál sólo se conoce por la violencia que nos mantiene en zozobra a sus habitantes, además de todas las desgracias sociales que ya conocemos. Sería mejor que de una vez pusieran un letrero que dijera "Prohibido el ingreso a guatemaltecos" o "Guatemalans not wanted", para tomar nota y voltearles la espalda con la renuencia a participar, pues con dignidad debiéramos de sacudirnos el polvo de las sandalias y no entrar en esa "casa" deportiva. Pero en el fondo, nos tuvieron miedo, terror. Como sabían que no iban a poder contra nuestros marchistas, optaron por la decisión más sucia y cobarde, la descalificación. Por eso, también mirémosla como un triunfo, pues a los héroes "no los despierta el sol, salen a buscarlo y lo encuentran"*.
*frase inspirada en palabras de Erick Barrondo, primer medallista olímpico guatemalteco.
Fabiola

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