martes, agosto 14, 2012

Los grandes te tuvieron miedo

Cuando Erick Barrondo estaba atravesando la línea de meta como segundo, no podía creerlo. ¡Medalla de plata para Guatemala! Por fin un atleta chapín en el podio olímpico, un grande entre los grandes, después de haberla sudado en la prueba de marcha de 20 kilómetros. Pasé muy contenta la semana, con la emoción de que vería a nuestro héroe competir una vez más en la prueba de 50 kilómetros. Y llegado el día, desperté a las cuatro de la mañana, sintonicé el televisor y Erick ya había recorrido 20 kilómetros e iba en el segundo lugar, con dos amonestaciones y con el compatriota Jaime Quiyuch ya descalificado de la prueba. Si me comí las uñas, no me di cuenta, pero sucedió lo inevitable. Erick fue descalificado de la competencia que la ganó un ruso, Kirdyapkin, quien batió récord olímpico. Es que, claro, cómo un atleta de un país subdesarrollado iba a atreverse a codearse con los "grandes" de ese deporte, debieron de haber pensado los organizadores de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Tomemos nota que Erick fue descalificado del Mundial de Marcha que se organizó en Rusia en el 2011.
Horas más tarde, tres compatriotas más iban por más medallas para Guatemala, Jamy Franco, Mirna Ortiz, y Mayra Herrera en la prueba de 20 kilómetros para damas. Casualidad o no, Franco fue sancionada ni bien transcurridos cinco minutos de la competencia, además de ser la primera en recbir la advertencia. Las tres lideraban el grupo puntero para perseguir a la rusa Olga Kaniskina quien flotaba a zancadas a más no poder. Y así cayeron sucesivamente sus compañeras con las amonestaciones y todas bajaron el ritmo para pasar desapercibidas. La única chapina que se mantuvo en la pelea por el bronce fue Ortiz, pero la sacaron de la competencia. Sería interesante poder detectar si en realidad los jueces habrían recibido instrucciones específicas, pues el grupo completo chapín estaba sancionado y sentenciado, o fue pura cuestión de discriminación. Parece que las medallas sólo están destinadas a los países desarrollados, Dios guarde que un pobre y humilde se atreva tan siquiera a soñar con ganar una. Ya es justo que alguien se atreva a hurgar en el fondo de este tipo de competencias mundiales, pues parece que lo único que hace bailar al mono es el dinero o más bien, le pagan al mono para que ya no baile más. Si no, hay que fijarse quiénes son los principales patrocinadores: grandes marcas mundiales que tienen la hegemonía económica del planeta y que deben mantener su prestigio con los atletas a quienes patrocinan. Además, hay que complacer a la audiencia de países ricos que pagan por ver ganar a sus atletas, pues los mayores ingresos provienen de la venta de derechos de transmisión. La discriminación cultural de los países del primer mundo hacia las naciones del tercero, sobre todo, latinoamericanas, es más que evidente en este tipo de competencias, sobre todo contra países como Guatemala, del cuál sólo se conoce por la violencia que nos mantiene en zozobra a sus habitantes, además de todas las desgracias sociales que ya conocemos. Sería mejor que de una vez pusieran un letrero que dijera "Prohibido el ingreso a guatemaltecos" o "Guatemalans not wanted", para tomar nota y voltearles la espalda con la renuencia a participar, pues con dignidad debiéramos de sacudirnos el polvo de las sandalias y no entrar en esa "casa" deportiva. Pero en el fondo, nos tuvieron miedo, terror. Como sabían que no iban a poder contra nuestros marchistas, optaron por la decisión más sucia y cobarde, la descalificación. Por eso, también mirémosla como un triunfo, pues a los héroes "no los despierta el sol, salen a buscarlo y lo encuentran"*.

*frase inspirada en palabras de Erick Barrondo, primer medallista olímpico guatemalteco.

Fabiola




jueves, marzo 08, 2012

Víctimas del Sistema

Todos somos víctimas de un sistema social que nos destruye como individuos. Es un sistema que no permite paralelos y nos devora sin darnos cuenta. Para muestra un botón. Alguna transacción que usted no deseaba ya no puede revertirse porque “el sistema de cómputo no lo permite”. No pudo hacer un depósito de dinero urgente porque “el banco no tiene sistema ahora”. El tal sistema que nosotros mismos creamos nos aplasta y no sólo se trata de las computadoras. Para sobrevivir, debemos entregar nuestra vida a un tal sistema que nos aspira en espiral, pero que a la mayoría nos devuelve muy por debajo de lo justo para tener una vida digna. Lo peor de todo es que el sistema le chupa la vida a los más desposeídos para engrosar las fortunas de los que más tienen. Pues que trabaje el pobre, dicen. Y sí trabaja y mucho para mantenerse él y al sistema que supuestamente le provee de lo necesario. El tal sistema está diseñado para extraer hasta el último centavo al pobre y llenar las arcas del rico. Sólo basta con ver los anuncios publicitarios: compre su televisión a cuotas chiquitas, agrande su menú por sólo Q3. Para subsistir, el sistema inventa necesidades con el único fin de arrebatarle el dinero que tanto le ha costado. Ahora se dice que tener carro ya no es un lujo sino una necesidad. Pero ¿quién habría de necesitar de un carro habiendo transporte público? Habría menos contaminación ambiental porque se reducirían las emisiones tóxicas. Pero el mismo sistema no le ofrece un buen servicio de transporte colectivo, al menos en este país. Entonces, ¿qué otra opción le queda a uno? Comprar un carro, aunque sea de segunda. Sólo es cuestión de pensar un poco para saber quién se beneficia de su necesidad. Todos tenemos derecho a la salud, pero desafortunadamente el sistema que lo exprime a usted no es capaz de retribuirle con los servicios médicos que necesita, ya sea porque la salud pública más parece ofrecer servicios de morgue que de salud o porque curarse en clínicas y hospitales privados resulta más caro que morirse. Si no quiere endeudarse, mejor sáltese ahórrese lo de las medicinas y muérase de una vez para poder costear los gastos funerarios. La educación es la principal herramienta que el sistema ofrece al individuo para poder producir para la sociedad y obtener sus beneficios. Qué bonito suena, ¿verdad? Pero la educación pública es inferior a los sistemas de educación privada y pagar un colegio es de meditarlo muy bien. Pero ni siquiera el mismo sistema logra sustentarse a sí mismo: maestros mal pagados, niños que tienen una galera por escuela, falta de docentes y por consiguiente una educación pobre. Dígame usted, ¿cómo se defenderán en la vida estos niños que serán adultos algún día? Es como si enviaran a un policía con una pistola de agua a detener a un delincuente armado hasta los dientes con lo último en tecnología. Y hasta esto resulta ser verdad, se lo prometo.
Tenga cuidado, el sistema es implacable como una aplanadora sin reversa. No se sorprenda que un día de estos me vea en taparrabos arrancando bananos en alguna selva recóndita del planeta, pero ¡libre y feliz al fin!

sábado, enero 14, 2012

Siempre ponemos los muertos



Dia memorable. Guatemala tiene nuevo presidente. Un ambiente de esperanza flota en el aire. Muchos ven con buenos ojos al nuevo mandatario. Por fin podría reducirse la violencia a su mínima expresión, como en los tiempos de Ubico, dirían algunos de buen kilometraje recorrido. A veces uno resulta contagiado con los buenos ánimos y eso me perturba. No hay que creer y no dejar de creer. ¿Qué será mejor? El viejo refrán reza "piensa mal y acertarás" y prefiero éste a creer que sucederá algo bueno. Y aunque parece pesimismo, es mejor no confiar demasiado para no verse defraudado después. Al contrario, deseo como todos, que éste sea un buen Gobierno, para bien de las nuevas autoridades y sobre todo para nosotros, que resultamos siendo siempre el jamón del sandwich. O como se dice, nosotros resultamos poniendo los muertos. Recordemos siempre poner los pies en la tierra, y que este o cualquier otro gobierno siempre favorecerá al grupo que lo llevó al poder y no al pueblo que finalmente fue utilizado para elegirlo. Por eso me enorgullezco de haber anulado mi voto y no participar de este circo y así lo haré hasta que aparezca alguien que sí esté dispuesto a gobernar a favor de la mayoría.