Todos somos víctimas de un sistema social que nos destruye como individuos. Es un sistema que no permite paralelos y nos devora sin darnos cuenta. Para muestra un botón. Alguna transacción que usted no deseaba ya no puede revertirse porque “el sistema de cómputo no lo permite”. No pudo hacer un depósito de dinero urgente porque “el banco no tiene sistema ahora”. El tal sistema que nosotros mismos creamos nos aplasta y no sólo se trata de las computadoras. Para sobrevivir, debemos entregar nuestra vida a un tal sistema que nos aspira en espiral, pero que a la mayoría nos devuelve muy por debajo de lo justo para tener una vida digna. Lo peor de todo es que el sistema le chupa la vida a los más desposeídos para engrosar las fortunas de los que más tienen. Pues que trabaje el pobre, dicen. Y sí trabaja y mucho para mantenerse él y al sistema que supuestamente le provee de lo necesario. El tal sistema está diseñado para extraer hasta el último centavo al pobre y llenar las arcas del rico. Sólo basta con ver los anuncios publicitarios: compre su televisión a cuotas chiquitas, agrande su menú por sólo Q3. Para subsistir, el sistema inventa necesidades con el único fin de arrebatarle el dinero que tanto le ha costado. Ahora se dice que tener carro ya no es un lujo sino una necesidad. Pero ¿quién habría de necesitar de un carro habiendo transporte público? Habría menos contaminación ambiental porque se reducirían las emisiones tóxicas. Pero el mismo sistema no le ofrece un buen servicio de transporte colectivo, al menos en este país. Entonces, ¿qué otra opción le queda a uno? Comprar un carro, aunque sea de segunda. Sólo es cuestión de pensar un poco para saber quién se beneficia de su necesidad. Todos tenemos derecho a la salud, pero desafortunadamente el sistema que lo exprime a usted no es capaz de retribuirle con los servicios médicos que necesita, ya sea porque la salud pública más parece ofrecer servicios de morgue que de salud o porque curarse en clínicas y hospitales privados resulta más caro que morirse. Si no quiere endeudarse, mejor sáltese ahórrese lo de las medicinas y muérase de una vez para poder costear los gastos funerarios. La educación es la principal herramienta que el sistema ofrece al individuo para poder producir para la sociedad y obtener sus beneficios. Qué bonito suena, ¿verdad? Pero la educación pública es inferior a los sistemas de educación privada y pagar un colegio es de meditarlo muy bien. Pero ni siquiera el mismo sistema logra sustentarse a sí mismo: maestros mal pagados, niños que tienen una galera por escuela, falta de docentes y por consiguiente una educación pobre. Dígame usted, ¿cómo se defenderán en la vida estos niños que serán adultos algún día? Es como si enviaran a un policía con una pistola de agua a detener a un delincuente armado hasta los dientes con lo último en tecnología. Y hasta esto resulta ser verdad, se lo prometo.
Tenga cuidado, el sistema es implacable como una aplanadora sin reversa. No se sorprenda que un día de estos me vea en taparrabos arrancando bananos en alguna selva recóndita del planeta, pero ¡libre y feliz al fin!
jueves, marzo 08, 2012
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