
Ir a los Estados Unidos está duro. Primero, conseguir el pisto para pagarle al coyote, que no son 5 centavos, con el riesgo que te deje a medio camino tirado si la migra lo agarra (con vos incluido). Después de haber sido robado por pandilleros, violado y secuestrado por traficantes de personas, en México, finalmente allí está la frontera y unos metros más allá, el "paraíso", el "american dream", que le dicen. Digamos que lográs pasar a la primera. Ni un patrol, ni wachimán...nada. Llegás a Los Ángeles, conseguís chance en alguna plantación como jornalero y poco a poco pasa el tiempo hasta que lográs establecerte. A unos le va bien, a otros, los agarran y los regresan en avionadas (al menos) a su tierra. Digamos que a vos no te han agarrado y que te fuiste a trabajar a Arizona. Lográs comprar una tu casita y allí vas. Y aunque de ilegal, pero ya vas metiendo la papelería para tener la ciudadanía gringa y ya vas craneando como te vas a traer a tu mujer y a lo güiros a los estéits. Sí, tal vez lo frijoles no saben igual que en tu tierra, pero al menos ya hay pa comer todos los día y para mientras, mandarle plata a la raza que se quedó. Hasta que te metieron la yuca con la nueva ley migratoria. A la chavas les gustabas por ser moreno, pero acá eso no sirve. Al contrario, te das colorón con los policías que ahora, que porque sos de color diferente, puede que seas ilegal (y lo sos todavía, aunque ya masticás el inglés). Y te agarran, pues. Te acusan de criminal, ya que no tener papeles, ahora ya es delito. Ni modo, al botiquín. Vos que te fajaste haciéndole el pisto al dueño de la plantación, luego al del restaurante, y así, como muchos de tus compañeros, que de una u otra forma pusieron su granito de arena a la economía de ese país, te pagan con cárcel. Y no tenés papeles porque te ponen mil y un requisitos que cuesta conseguir. Pero ya ni modo. Eso sí, rapidito le dan papeles a terroristas paquistaníes que parecían no mataban una mosca y luego andan poniendo carros bomba en Nueva York, que para más fregar ni estallan. Mientras, nuestros chapines mueren apuñalados en un charco de sangre, en la misma ciudad, no por una riña de pandillas, sino por salvar a gringas que los dejan tirados, como muchos que al ignorarlo y pasar sin ayudarlo, le dieron su empujoncito al más allá. Mejor, así ya es un ilegal menos, dirían ellos.