Sí, pobre. Me pregunto qué pensaría el Dr. Juan José Arévalo si estuviera vivo. ¿Qué diría si pudiera ver en lo que se ha convertido el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social? Ese seguro, que en sus orígenes, fue concebido durante su Gobierno para satisfacer derechos económicos y sociales contemplados en la Constitución Política de la República de Guatemala, en su artículo 100, en la práctica sólo satisface la ambición de oscuros personajes.
Aunque nunca sabremos qué opinaría el Dr. Arévalo de la crisis que atraviesa el Igss y sus afiliados, lo que sí es seguro es que con este destape, se ha de estar revolcando en la tumba.
El desorden administrativo que reina en esa institución no es más que para el aprovechamiento de intereses personales, dejando a la deriva a cientos de miles de afiliados sin la debida atención médica y al borde de la muerte o de una vez en la tumba, como fue el caso de los fallecidos por mala práctica en las hemodiálisis y otros muchos más que han quedado impunes. Lo fácil que es desaparecer un expediente comprometedor. Al final de cuentas, en río revuelto, ganancia de pescadores.
Lo de la corrupción en el Igss siempre se ha presumido, pues muchas veces ha habido inexistencia de varios medicamentos, sobre todo para la hipertensión. Repentinos cambios de marcas de medicinas que pueden vulnerar la salud del paciente. ¿Por qué cambiarle la medicina que le estaba haciendo efecto por otra de calidad inferior? Ahora ya lo entendemos, ¿verdad?
La Cicig y el Ministerio Público nos han quitado el velo que nos cubría los ojos y que no nos dejaba ver con claridad toda la podredumbre en esa institución, que una vez sirvió a los nobles intereses para lo que originalmente fue creada. Varios de esos fantasmas de la corrupción ya tienen rostro y nombre y ya están en manos de la justicia, bueno, algunos.
Nos toca a nosotros seguir exigiendo a las autoridades y al nuevo Gobierno, que en poco tiempo tomará las riendas del país, para que las instituciones del Estado sean purgadas de tanto bicho ladrón, desde el conserje hasta los altos mandos, para que los guatemaltecos, sobre todo las clases más desposeídas, podamos tener acceso a los servicios de salud "gratuita", y recalco entre comillas porque la pagamos con nuestros impuestos, que por derecho nos corresponde a todos.

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