
Sucio de dar brillo a tantos zapatos, así recorre las calles de la ciudad el lustrabotas. Pero ni ayer ni hoy hubo ni brillo ni zapatos que lustrar. Acaso el ruido de los motores competía con el crujir de su estómago vacío. Se sentó sobre la vereda junto a una de esas tiendas de gasolinera, cansado y con la mirada perdida, opaca...de la tristeza y el hambre.
-¿Lustre?, pregunta a cada transeúnte que pasa frente a él.
Indiferencia es la respuesta.
Siente desmayar su ánimo...su cuerpo. Hace dos días que no prueba bocado. De repente, algo caliente en una bolsa de plástico cae sobre sus manos. Ve alejarse un pantalón negro y una sonrisa. Y Dios se hizo Pan...de Vida.

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